Procesos tardíos contra la Brujería en Europa

Fragmento de "Las Brujas", Francisco de GoyaEl descrédito en torno a la caza de brujas se fue produciendo en toda Europa, aunque no en todos los sitios lo hizo de la misma manera. En este sentido, España se mostró como pionera. Lo cierto es que no todas las autoridades estaban dispuestas a dejarse influir por las ideas de incredulidad ante la brujería y que durante el XVII y  XVIII muchos jueces siguieron condenando a la hoguera a supuestos brujos y brujas.

Un ejemplo de ello podemos verlo en Suecia, en el año 1670. En Mohra, en el distrito Elfdale, en la provincia de Dalecarlia, unos niños declararon haber sido transportados a Blockula, lugar que hasta el momento desconocían. Contaron que allí se celebraba un Sabbat en el que las brujas invocaban al Demonio. Éste aparecía con un jubón gris, calzas coloradas, medias azules, un sombrero puntiagudo y barba rojiza.

Brujas entregando niños al DemonioLos testimonios afirman que era indispensable para las brujas que quisieran acudir al Sabbat, llevar a un niño con ellas. Los niños, por su parte, debían renegar de Dios siendo bautizados por un sacerdote infernal tras pactar con el Demonio. Contaban también, que en la reunión se comía,  danzaban y el Diablo tenía relaciones sexuales con las brujas, de las que nacían hijos. Es llamativa la creatividad de los niños que decían que si quienes se conocían carnalmente eran brujos y brujas entre sí, lo que daban lugar era a sapos y culebras.

Lo curioso es que toda esta información no era nada original. Los testimonios podrían haberse extraído perfectamente de los tantos relatos sobre brujas y demonios que se habían escrito y circulaban por toda Europa. La niña más original añade, a todo lo anterior, que el Demonio había muerto y resucitado en cierta ocasión. Podemos ver como se entremezclan ideas del cristianismo en estos relatos.

Quema de brujasLo triste es que a consecuencia de lo que estos niños contaron fueron condenadas a la hoguera sesenta mujeres y otras tantas azotadas. Incluso algunos de los acusadores de las mujeres, los mayores de entre los niños, terminarían siendo también quemados. Todo esto a pesar de las incoherencias y contradicciones que presentaban los distintos testimonios.  Y es que la fiebre de la Brujería continuaba sin descanso. Pero tampoco resulta de extrañar que, cada vez más, fueran sonando más y más voces en contra de este tipo de procesos y a favor de no seguir con la idea de que la costumbre hace la ley.

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