Crédulos

El Aquelarre, Francisco de Goya

En este apartado encontraríamos a aquellos alcaldes, jueces y otras autoridades civiles cuya “inocencia” les hacía creer palabra por palabra todo aquello que contaban quienes decían ser testigos de un caso de Brujería, que para empeorar las cosas, generalmente eran niños.

Encontramos por ejemplo a don Diego de Irrara, señor de Iraeta, que en las juntas de Guipuzcoa de 1621 puso de manifiesto el gran peligro que suponía el cada vez mayor número de hechicerías y maleficios. Los diputados le dieron la razón e instaron a la Inquisición realizar una investigación en la zona, a lo que ésta respondió con evasivas. Algo parecido ocurrió en Vizcaya, pero en esta ocasión, ante la indiferencia del Santo Oficio, las autoridades civiles decidieron actuar por su cuenta nombrando un juez especial, que encarceló a tres brujas, de las que sólo conocemos la liberación de dos.

Otro ejemplo sería el proceso de Fuenterrabía que comentábamos en anteriores intervenciones, en el que unas niñas provocan la prisión de unas cuantas mujeres. Vemos por tanto que poco tenían en cuenta ciertas autoridades los posibles odios familiares, las coacciones o la simple imaginación infantil y el deseo de lo prohibido de los niños.

Lope Martínez de IsastiPrueba de todo esto que decimos sería el historiador Lope Martínez de Isasti, sacerdote en una localidad cercana a Fuenterrabía. En 1615 tuvo un encuentro con Fray Prudencio de Sandoval, obispo de Pamplona, en la que ambos se mostraron espantados con la abundancia del fenómeno en la comarca. Baste con decir que Sandoval había dado como bueno el método para descubrir brujas de dos niñas que decían que mirando el ojo izquierdo de una mujer podían decir si lo era o no, eso sí debían coincidir en su veredicto sin conocer el de la otra.

Portada del Malleus_1669El presbítero pidió a Isasti que combatiera contra la Brujería ya que sabía vascuence, y no sólo lo hizo, sino que también escribió unas memorias. Pero las fuentes que usó para ello, no fueron demasiado contrastadas, estudió desde el Malleus Maleficarum y otras obras con la misma perspectiva hasta diferentes procesos como el del Auto de fe de Logroño. Es decir, omitió cualquier obra en la que pudiera leer otra perspectiva que no fuera la de absoluta credulidad, y no contento con esto, atendió al rumor público y a todos los testimonios, orales o escritos, de menores que acusaban de Brujería a sus vecinos, sin pensar en ningún momento que lo que éstos contaban podía no ser cierto.

Bruja provocando tempestadesCree que las brujas son capaces de provocar tempestades y realizar presagios sobre cuanto sucede en el mar. Pueden echar a perder cosechas, crear enfermedades y otras calamidades por los maleficios hechos por venganza. Suerte que, según el sacerdote, el Cristo de Lezo protege a los maleficiados. Y lejos de atender al incipiente número de personalidades que negaban la existencia de la Brujería, por el contrario el historiador debió estar en un sin vivir por sus palabras ya que “por ninguna vía se acrescentaría Grabado sobre Brujeríamejor” el dominio del Demonio “que diziendo no hauia bruxas y que todo era ilusion y engaño”.

Lo cierto es que no se acaba con Isasti la lista de personas que pensaban esto mismo, pero parece que cada vez se fueron escuchando más alto las voces discordantes.

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